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domingo, 5 de mayo de 2013

¡Fuera el imperialismo norteamericano de la península de Corea!

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En los últimos meses, una vez más la tensión crece en la península coreana. En diciembre de 2012, Pyongyang (capital de Corea del Norte) realizó el lanzamiento del satélite ’Kwamyongsong-3’. A diferencia de los primeros tres intentos (emprendidos en abril del mismo año, en 2009 y en 1998, respectivamente), este último fue exitoso. Desde el punto de vista militar, esta prueba, de ser cierto su resultado [1], permite temer de su capacidad de crear vectores de transporte de largo alcance. Potencialmente, un país que ha creado un cohete capaz de colocar dispositivos en órbita, domina la tecnología de los misiles intercontinentales o está a pocos pasos de ello. Un par de meses más tarde, Corea del Norte detonó su tercera bomba atómica. Y cuando tenían lugar los ejercicios militares anuales conjuntos Estados Unidos-Corea del Sur y una nueva presidente asumía el poder en Seúl [2], el Norte soltó un torrente de retórica alucinante, gritando que los acontecimientos empujaban poco a poco hacia la guerra, denunciando el armisticio de la Guerra de Corea de 1953, y amenazando con atacar Estados Unidos o Corea del Sur con un ataque nuclear preventivo. Por último, las actividades del complejo industrial de Kaesong quedaron suspendidas con la retirada de los 54.000 trabajadores norcoreanos que trabajan para 123 empresas surcoreanas, a la vez que con la evacuación de los trabajadores del sur de Corea, lo que amenaza en tornar definitivo el cierre del único proyecto conjunto en vigor entre el Norte y el Sur.

A su vez, las autoridades norcoreanas han aconsejado a los extranjeros de Corea del Sur que preparen su evacuación ante la eventualidad de un conflicto, una medida sin precedentes en la diplomacia más reciente. Aunque los Estados Unidos están confiados que Corea del Norte no dispone de la tecnología para iniciar una guerra termonuclear contra ningún país y menos aún contra los EEUU, lo que resulta un tanto novedoso en la actual crisis es el hecho de que nunca antes este país había ido tan lejos en su amenaza de iniciar una guerra nuclear. En esta oportunidad, según el especialista en Corea, Bruce Cumings, “…esta retórica tiene tres objetivos: colocar a la Presidenta Park ante la disyuntiva de continuar la línea dura de su predecesor o volver a las negociaciones con el Norte; comprobar los límites de la "paciencia estratégica" de Obama (que no tiene una estrategia, pero sin duda ha sido paciente, ya que el Norte ha lanzado tres misiles de largo alcance y detonado dos bombas nucleares desde la toma de posesión de Obama en 2009); y chantajear a China, que por primera vez aprobó recientemente con los Estados Unidos sanciones en la ONU contra el Norte, con la alternativa de imponer las sanciones con el riesgo de que los acontecimientos evolucionen fuera de control, o volver a su postura habitual de votar las sanciones y luego mirar hacia otro lado cuando el Norte las viola” [3]. Una vez más en la península coreana se juega con fuego. Como dice el mismo autor: “El año pasado, el Secretario de Defensa, Leon Panetta, dijo que habíamos estado ‘todos los días a un centímetro de la guerra’ con el Norte. Hoy en día son más bien milímetros. ¡Qué terrible balance de siete décadas de fracaso de las políticas estadounidenses hacia Pyongyang!” [4].

Maniobras defensivas frente a la presión imperialista en el último teatro de la Guerra Fría

Las manipulaciones norcoreanas ejerciendo una mezcla de “ferocidad, debilidad e impredecibilidad” [5] deben ser vistos en un contexto más amplio, cuestión que la prensa internacional omite burdamente en Corea del Norte presentándola simplemente como un “estado villano”, dirigido por un lunático siguiendo la propaganda interesada del Pentágono mientras calla ante las amenazas permanentes del imperialismo norteamericano desde hace más de siete décadas.

La realidad, es que la Zona Desmilitarizada que divide a las dos Coreas es una de las fronteras más militarizadas del planeta. Técnicamente, las dos partes aún están en guerra, porque desde el final de la Guerra de Corea en 1953 no se firmó ningún alto el fuego ni tratado de paz. A su vez, Washington mantiene un embargo económico desde los ‘50. Ante las amenazas permanentes a su seguridad y en el marco del contexto hostil abierto luego del fin del bloque soviético, el desarrollo del programa nuclear norcoreano le ha permitido mantener cierta independencia a la vez que negociar en mejores condiciones con las enormes potencias que la rodean y en particular con la principal potencia mundial, Estados Unidos.

Permanentemente, Corea del Norte ha ofrecido abandonar su programa nuclear a cambio de garantías a su seguridad de parte de los EE.UU. y pasos concretos para finalizar el bloqueo norteamericano sobre el país. Sin embargo, luego de un breve periodo de “distensión” durante la presidencia Clinton, donde por primera vez desde la guerra de Corea se lograron algunos avances diplomáticos [6], sucesivas administraciones han obstaculizado todo avance en las negociaciones con el régimen de Pyongyang.

A más de veinte años de caído el Muro de Berlín, EE.UU. aún mantiene a la península coreana en el marco de la Guerra Fría. Esta actitud belicosa le sirve a Washington para una serie de intereses geopolíticos. Primero, impedir la reunificación coreana que podría dar lugar a una potencia capitalista en el sudeste de Asia (uniendo las ventajas tecnológicas del sur con la mano de obra barata y disciplinada del norte), cuestión compartida con Japón. Segundo, evitar el desarrollo de una política militar independiente del aliado japonés, que es una potencia económica y basada en su capacidad industrial podría volverse en su competidor militar.

Por último, y como cuestión cada vez más predominante en los últimos años, mantener una herramienta de presión sobre China y las ambiciones de la burocracia de Pekín de convertirse en el nuevo poder ascendente de Asia. Efectivamente, en el contexto de una disputa mundial por ejercer influencia sobre el desarrollo capitalista de China, el tema de la presencia militar y de las alianzas militares en la región juega desde hace tiempo un lugar relevante. Los roces diplomáticos y militares se vienen multiplicando en la región, al calor a su vez de la asunción de nuevos liderazgos. Primero, en Japón donde el nuevo primer ministro japonés, Shinzo Abe, plantea una política exterior más dura en relación con China y Corea del Norte [7]. El nuevo gobierno de Corea del Sur es también de un tinte más nacionalista. Estos cambios gubernamentales, en el marco del “giro estratégico” de Obama hacia la región Asia-Pacífico con el propósito de cercar y contener a China (a la vez que seducir a India y fracturar de esta manera a los BRICs) sólo puede calentar aún más las cosas. Esto puede verse agudamente en la dura disputa entre Estados Unidos, Japón y China por el control del Mar de China. Las peleas de soberanías por islas o islotes tienen que ver directamente con esta pugna por los espacios marítimos, siendo el de las islas Diaoyu / Senkaku, sin duda, el conflicto más serio de todos como pudo verse el año pasado en la escalada entre Japón y China [8]. En esta tensa situación de tensiones diplomáticas y militares y de creciente nacionalismo, “los norcoreanos son el perfecto camuflaje tras el cual esconder la sigilosa política americana de contención de China y para mantener un elevado gasto militar” (Bruce Cumings).

China, cada más comprometida entre las maniobras norcoreanas y el cerco imperialista

Corea del Norte es un aliado histórico de China, a la que no sólo le asegura un régimen “amigo” con el que comparte una extensa frontera, sino también le garantiza una “zona de amortiguación” (buffer) con Corea del Sur, donde están estacionados alrededor de 21.000 soldados y marines norteamericanos. Para China el régimen estalinista norcoreano es un contrapeso al dominio militar de Estados Unidos y también un reaseguro contra Japón, potencia que a principios del siglo XX ocupó la península coreana. Sin embargo, las relaciones entre Pekín y Pyongyang están en su punto más bajo en la historia reciente, ahora que China está trabajando con EE.UU. para disuadir a Kim Jong Un (el nuevo líder de Pyongyang). Esta ubicación inédita de China refleja el temor de la burocracia restauracionista de Pekín a que el programa nuclear y las maniobras de su viejo aliado empujen al rearme de Japón y de Corea del Sur y justifiquen que EE.UU. refuerce su Séptima Flota en el Pacífico.

Las relaciones entre China y Corea del Norte están entrando en un fuerte dilema. Es que Corea del Norte es ahora incluso más dependiente de China que antes, pero China es a su vez un rehén de la relación como Corea del Norte. En el pasado, Pekín ha utilizado las diversas crisis de Corea del Norte en su propio beneficio, ofreciendo mediar en las conversaciones a cambio de concesiones políticas de los Estados Unidos o Corea del Sur, jugando un juego en el que simultáneamente reafirma su relación especial con Corea del Norte, a la vez que niega toda responsabilidad por las acciones de ésta. Para los líderes de China, esta fue una forma muy útil de gestionar las relaciones regionales y para contener las presiones norteamericanas en otros temas, como por ejemplo la manipulación de la moneda.

Mientras Corea del Norte sigue apostando a la estrategia que aplicó exitosamente desde 1990, no podemos descartar que la misma pueda estar empezando a ver rendimientos decrecientes, corriendo el riesgo de que sus amenazas no impresionen a nadie. Para China, también, la política podría estar perdiendo eficacia. Washington está apretando diplomáticamente cada vez más a China para que controle a Pyongyang o si no se haga a un lado, dejando correr que podría eludirla y convertir a la India y Mongolia en interlocutores potenciales. En la última visita del secretario de Estado de EE.UU. a Pekín, John Kerry, sus interlocutores chinos poco pudieron prometer frente a sus demandas. Esto puede ser una táctica de Pekín para obtener mayores concesiones, pero es un hecho nuevo que la retórica entre China y Corea del Norte está escalando como nunca antes.

La principal amenaza: la presencia nuclear y convencional del Ejército norteamericano

Dentro de todo este juego de presiones, amenazas y tambores de guerra, hay un elemento que no podemos perder de vista: por más provocador que Corea del Norte pueda aparecer, su actitud es solo una respuesta defensiva frente a la política agresiva de décadas de los Estados Unidos. Es este el principal responsable de la división de Corea alrededor del paralelo 38° siguiendo las divisiones políticas e ideológicas asociadas a la Guerra Fría y que hoy sobreviven tras haber finalizado el conflicto bipolar en el resto del planeta. Fue éste el que primero que nuclearizó la península mucho antes que el primer test atómico norcoreano en 2006. A diferencia de la creencia común de que la “crisis de los misiles” cubana fue la peor y más peligrosa de la posguerra, la realidad es que durante abril de 1951 fue cuando Estados Unidos más cerca estuvo de utilizar armas atómicas, ante su desconcierto y pánico frente a la entrada, inesperada por sus estrategas, de China en la defensa de Corea del Norte en la Guerra de Corea. No olvidemos tampoco que una vez concluida esta guerra atroz, el Norte había sido devastado por tres años de bombardeos que difícilmente hayan dejado un edificio moderno en pie, en el marco del desangre de amabas Coreas. Posteriormente, una vez finalizado este holocausto fue el presidente Eisenhower el que introdujo un arsenal nuclear en Corea del Sur a comienzo de1958, a pesar del armisticio que prohibía la introducción de armamento nuevo en cuanto a su tipo. Las armas incluían cohetes, bombas y proyectiles de artillería. Los aviones de combate F-4 estaban en constante alerta - armados sólo con armas nucleares. Todas estas provocaciones fueron hechas por la única potencia que utilizó la bomba atómica al final de la Segunda Guerra Mundial en Hiroshima y Nagasaki. Sin hablar de que solamente se dio el grito de alarma sobre el complejo de Yongbyon y el programa nuclear norcoreano una vez finalizada la Guerra del Golfo Pérsico en 1991, cuando los estrategas del Pentágono trataron de crear “otro Irak”. Inmediatamente reconfiguraron al enemigo norcoreano, que habían estado confrontando en la Zona Desmilitarizada desde hacía cuatro décadas, en un nuevo tipo de amenaza, usando nuevos adjetivos aunque la demonización de la Guerra Fría seguía siendo la misma. Y más recientemente, los ejercicios militares entre Estados Unidos y Corea del Sur, que tienen lugar cada año, en este caso desataron la ira de Corea del Norte porque Estados Unidos voló por primera vez aviones “invisibles” desde Japón a la base aérea de Osan en Corea del Sur. Esto es lo que ha provocado la reacción de Pyongyang.

Se demuestra así, si cabe alguna duda, que el gran desestabilizador a la paz regional son los Estados Unidos que utiliza la tensión para sus fines geopolíticos, en particular contra China. En este marco, los socialistas revolucionarios mientras peleamos por la revolución socialista internacional para extirpar al imperialismo, raíz de todas las guerras y de la acumulación suicida de armamento nuclear que podría borrar a la faz de la tierra varias veces, defendemos el derecho de Corea del Norte al desarrollo nuclear como elemento disuasivo a la política agresiva de Washington. Pero a la vez decimos abiertamente que la única solución efectiva que puede traer la paz a la región es que la clase obrera a uno y otro lado del paralelo 38° unifique sus fuerzas para echar al imperialismo norteamericano. Sólo por esta vía se podrá llegar a la única reunificación progresiva de Corea, la que resulte de la acción y la lucha independiente de la clase obrera coreana, tanto del norte como del sur. Por el contrario, todo otro intento de forzar las cosas, puede desencadenar una guerra.

¿Qué es Corea del Norte?

El estado norcoreano, encabezado en sus inicios por Kim Il-Sung (combatiente guerrillero en China contra la ocupación japonesa) surgió de las entrañas de la ocupación del Ejército Rojo a fines de los ’40. En sus orígenes fue un estado obrero deformado, que durante los primeros años siguió la estructura industrial y de dominio de su vecino estalinista. Posteriormente fue desarrollando una ideología autónoma, inicialmente después del alejamiento de Moscú en 1955 y más acabadamente a mediados de los ‘60 en su intento de encontrar una postura independiente tanto de la ex URSS como de Pekín. La ideología “Juche” (autosuficiencia) es una de las muestras más monstruosas y extremas de la “construcción socialista en un solo país” [9], que se mezclaba bajo el reinado de Kim Il-Sung con una adoración a su líder. Luego de su muerte en 1994, lo sucedió su hijo Kim Jong-Il como Secretario General del PCT y Presidente de la Comisión Nacional de Defensa. A este, lo sucedió su hijo y nieto de Kim Il-Sung, Kim Jong Un, mostrando el carácter dinástico del régimen que abreva de la combinación de las formas tradicionales de legitimidad y sus estructuras burocráticas. Socialmente, hay un abismo enorme entre los privilegios de la elite en el poder y las dificultosas condiciones de vida de las masas.

Desde comienzo de 1990, una vez perdido el patronazgo de Moscú y el giro hacia la restauración capitalista de la burocracia china y ya perdido desde hace años el dinamismo de tipo extensivo de su industria, el régimen no sólo apeló maniobras político-militares periódicas sino que intento distintas vías para encontrar un nuevo lugar en un mundo cada vez difícil para su sobrevivencia. Así, económicamente, aunque aún conserva una economía centralizada estatalmente, durante el gobierno surcoreano de Kim Dae-jung (1998-2003) se permitieron determinadas inversiones en zonas especiales, siendo uno de los últimos vestigios de esta apertura -conocida como “Sunshine Policy (“política de rayos solares”)- el complejo industrial de Kaesong que ahora se encuentra en entredicho.

A su vez, la necesidad de capitales de Norcorea y su apertura parcial fueron creando grandes oportunidades para las firmas chinas. Sin embargo, estas tendencias tanto hacia la transformación de la burocracia a un modelo chino, como una anexión a la alemana no han podido aún avanzar hasta el final esencialmente por los impedimentos geopolíticos existentes. Sin embargo, las autoridades norcoreanas han declarado que le gustaría tomar a Singapur como modelo, es decir un país que combina un fuerte desarrollo de negocios capitalistas con una fuerte orden y disciplina, mostrando el carácter represivo de este régimen que busca perpetuarse mas allá de la crisis de la base social que le diera origen.

Notas:[1] A una semana del lanzamiento, un científico norteamericano declaró que no logra captar la señal del satélite y que por lo tanto este aparato espacial está fuera de servicio.

[2] Park Geun-hye, es la primera mujer en ocupar el puesto de primera ministra en el país asiático. La misma es hija del dictador Park Chung-hee, artífice del increíble crecimiento económico del país en el marco de una férrea represión al movimiento obrero y popular.

[3] “Korean War Games”, Bruce Cumings, The Nation, 3/4/2013.

[4] Idem.

[5] Para George Friedman, fundador y presidente de la agencia norteamericana Stratfor: "El objetivo principal de Corea del Norte es la preservación del régimen. Demostrando ferocidad –se muestra cercana a tener capacidad nuclear- hace que otros países sean más cautelosos. Su debilidad, como estar completamente aislado del mundo en general y de China en particular, impide que otros países adopten medidas drásticas si creen que Corea del Norte caerá pronto. Su aparente locura -amenazando con atacar a los Estados Unidos, por ejemplo- muestra a Corea del Norte como completamente impredecible, obligando a todos a manejarse con prudencia. Los tres trabajan juntos para ponerle limites a las acciones de otras naciones". (“Considering a Departure in North Korea’s Strategy”, Stratfor 12/3/2013)

[6] EE.UU. encaró conversaciones bilaterales a cambio de importantes concesiones norcoreanas como el acuerdo de ingresar a la ONU en 1991, a pesar de las resoluciones existentes que la señalaban como la agresora en 1950. También permitió a la Agencia de Energía Atómica de la ONU realizar inspecciones regulares en sus instalaciones nucleares, algo impensable durante el apogeo de la Guerra Fría, además de aprobar regulaciones fiscales y de ganancia sin precedentes para la inversión extranjera.

[7] Su completa insensibilidad a las reclamaciones históricas de sus vecinos contra Japón, en su anterior mandato entre 2006 y 2007, estuvo a punto de provocar un conflicto con Corea del Sur al negar la existencia de las esclavas sexuales coreanas del ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial (a las que han llamado de forma eufemística “comfort women”).

[8] China ha protagonizado roces con varios países vecinos, como Filipinas y Vietnam por las islas Spratly. Las islas Dokdo/Takeshima, también conocidas como Rocas de Liancourt, dos pequeñas islas rodeadas de unos cuantos islotes enfrentan a Corea del Sur y Japón desde al menos principios del siglo XX. Además sigue abierto el enfrentamiento por las islas Kuriles, un rezago de la expansión colonial japonesa, entre Rusia y Japón.



[9] Esta concepción opuesta por el vértice al internacionalismo proletario es una adaptación aberrante a un contorno hostil, la presencia de aliados poderosos como Rusia y China que la condicionaban, de su traumático pasado colonial japonés, la belicosidad norteamericana y de Corea del sur durante la Guerra Fría y del atraso general del país y sus resabios ideológicos neoconfucianos.



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